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jueves, mayo 3

ESTUDIANTES Y COMUNIDAD DE TRUJILLO VISTEN EL MADERO SAGRADO

Trujillo tiene en común ciertas características religiosas con el resto de los pueblos venezolanos, y muy particularmente a los que comprenden los estados andinos. El hombre trujillano, es por excelencia un hombre espiritual. Su vida, pensamiento, sentimiento y actuación son en gran medida condicionados por todo un cuerpo de significativos valores espirituales arraigados internamente en cada ser como una forma más de identificación cultural.

La religiosidad de este pueblo es su núcleo, es un acervo de valores que responde con sabiduría tanto desde la fe cristiana como en las respuestas profanas a las grandes interrogantes de la existencia y no se encuentra conformada  sólo por elementos de carácter sacro, más bien es la asignación de cualidades espirituales a rutinarias acciones y eventos individuales y colectivos; de esta manera se disponen objetos, celebraciones y detalles, relaciones y sentimientos que arraigados en las costumbres y tradiciones locales, son la bandera que identifica al ser y sentir de quien nace, crece o se enclava en estas tierras trujillanas.

 
Podrían citarse muchas maneras de representación de este común elemento, donde se expresa que lo sagrado atañe a ciertos aspectos más que van mucho más ala de lo religioso, de Dios.

Según Araujo (1999)
Éste; el ser trujillano, este es un juego de significados y simbolizaciones  externas e internas, de lo ajeno y lo propio. Para él  es la sagrada cruz, la oración y la iglesia, pero lo son también, la lluvia, el sol, las estrellas, la tierra, los hijos, la cosecha, el amor, la madre, el sombrero, el bigote, la camisa, la mesa, el fuego, el agua, el cuatro y el silbido, la palabra empeñada y el compadrazgo. Un juego de participación constante de lesa dualidad cuyo sentido se desplaza desde la celebración de cada una, en este sentido, para él son sagradas las fiestas de Dios: misas, promesas, rosarios, velorios, alabanzas y ofrendas.  En ellas se extiende desde el mismo horizonte la idea, la festividad de la alegría y del llanto, se confunde lo sagrado y lo profano como una doble fuerza encontrada, contrapuesta y al mismo tiempo íntimamente entrelazada. En ese festejar se entretejen la meditación y el baile, la hostia y el alcohol, la risa, el llanto, el silencio y el grito, el día y la noche, la vida y la muerte; puntos de partida para revelar su presencia en el mundo.


VELORIO DE LA CRUZ DE MAYO
Se celebra el tres (3) de Mayo organizada con la comunidad donde algunas casas colocan un altar con una cruz vestida de flores naturales o artificiales, alumbradas con una vela y rezan el rosario cantado y para culminar la celebración intervienen músicos dando pie al baile, se brinda con bebida típica como la mistela y el aguardiente y se come biscochuelo.


Además, en los últimos años se han implementado en algunos colegios del Municipio Trujillo, impartir la importancia de esta tradición a los niños y niñas de educación preescolar y básica, a través de  la decoración y vestido de la cruz

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El Museo Salvador Valero

Una institución sin fines de lucro y de gran responsabilidad social: en cada uno de sus espacios conserva, exhibe y comunica los testimonios materiales y espirituales de la acción creadora del ser humano sobre su entorno natural y cultural. Su enorme potencial educativo radica en la capacidad de transmitir valores de una generación a otra, a través de la adquisición, investigación, estudio de las obras y objetos más representativos de nuestro patrimonio tangible e intangible.
El Museo de Arte Popular "Salvador Valero" fue inaugurado en Trujillo el 19 de Noviembre de 1976, por el Rector de la Universidad de Los Andes Dr. Pedro Rincón Gutiérrez. Su nombre original fue MUSEO DE ARTE POPULAR DE OCCIDENTE SALVADOR VALERO.

Pensamiento

"Creo en los poderes creadores del pueblo" (Aquiles Nazoa)